EL TRABAJO y su conducción
16 de January de 2012A seis meses del recambio de autoridades de la CGT y a la luz de diferencias y fracasos, vale revisar no solo el estilo sino el modelo de conducción. Especialmente, luego de los magros resultados para el Trabajo obtenidos durante los periodos de gobierno de Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner.
En esos casos la conducción laboral llegó a un límite, debido a que durante los mismos siguió un “criterio político”, por oposición al “criterio económico” más conveniente, y sustentable, para los trabajadores.
En el periodo de Menem, la CGT apoyó desde el comienzo al “compañero”, siguiendo la vieja tradición peronista que define a la CGT como “columna vertebral” del Movimiento. A pesar que aquella lógica pertenecía a otra circunstancia, el momento inicial del peronismo, cuando la política económica era muy distinta a la Convertibilidad, Modelo K y Modelo C.
Ante éstas la conducción debe responder de cara al futuro, ¿siempre deben postergarse los objetivos económicos del Trabajo en aras de objetivos políticos partidarios? Más otras preguntas, contra-fácticas, demostrativas de alternativas nunca utilizadas:
¿Qué hubiera ocurrido si la CGT hubiera participado del diseño económico impidiendo en 1995 que prosiguiera el “cepo cambiario”, en 2007 que continuara la inflación hasta 27% y en 2011 que retornara al “cepo cambiario” para esconder la inflación?
En última instancia, lo que está en juego es si el Trabajo debe mirar el diseño macroeconómico desde afuera, para luego quejarse, o siguiendo la lógica económica debe opinar antes que ocurran los desaciertos que luego se le cobran.
No es una cuestión de estilos, sino que responde a los intereses laborales de largo plazo. Así que para el recambio de Junio debiera estar perfectamente resuelta, o el Trabajo pierde su capacidad económica, envuelto en luchas políticas sin salida.
La situación es compleja porque al mismo tiempo juegan dos posiciones que inclinan la balanza de manera opuesta.
A)Por un lado avizoramos una gran injusticia social, el gobierno muestra su intención de ajustar salarios por debajo de la inflación, haciéndole pagar a los trabajadores el costo del desmadre inflacionario creado por él mismo. Injusticia que exalta y rebela a la CGT, la CTA y hasta gremios enfrentados con la conducción cegetista. Los episodios de Santa Cruz, con enfrentamientos entre peronistas y camporistas, ofrecen su testimonio.
Esta injusticia social peronista, muestra en el kirchnerismo lo mismo que en el menemismo: una vez agotado el modelo, el quebranto se le cobra al Trabajo. En el caso actual la situación se agrava porque el causante, el Estado, está en manos de los “niños bien”, que viven de él y adoran los recursos económicos.
B)Por otra parte, se observa el aislamiento político de la CGT. No solo con respecto al gobierno, sino frente a todas las conducciones partidarias, poco dispuestas a recibir con gusto “la constante de politización” que enarbola su conductor.
Si se mira bien, ambos fenómenos reconocen el mismo origen, pues ¿quién sino la CGT actuando con “criterio político” fue la que se incrustó bajo el kirchnerismo, renunciando a exigencias económicas indispensables a partir de 2007?
¿Quién sino la CGT asumió posiciones políticas amenazantes, sin impedir la inflación, el atraso cambiario y el alto costo financiero? Flagelos económicos contra el Trabajo.
¿Quién sino la CGT va por utilidades empresarias, como bandera política, cuando la economía ahoga a las empresas, acotando la demanda laboral?
Todo ello sin beneficio alguno, desde que las mejoras para el Trabajo no provienen de la política, como demuestran los hechos, sino desde la economía.
La “constante de politización”.
A la vez, es el populismo el que levantó la bandera de la politización a ultranza, pues cree que la solución a todos los males pasa por la dominación y el poder. Ingenuidad grotesca desde que como está sucediendo, el fracaso económico del modelo K va inundando sus cámaras ideológicas. Son los Feinmann y los “carta abierta” los que ahora cuestionan, la Cámpora se borró tras los ajustes santacruceños y el Frente para la Victoria quedó fracturado.
La “constante de politización” define al populismo como: Poder-sin plan, Disciplina-sin ética, Presente-sin futuro.
Entre la politización cegetista y el populismo estatista se define nuestra miseria política: lucha de poder, cuestionamientos internos, choque entre gobierno y CGT, vacío constructivo.
Está claro que si el Poder no alcanza para responder al Trabajo, tampoco para construir una Sociedad Abierta.
¿Conducción gremial dedicada a las necesidades económicas del Trabajo?
Se trata de un giro copernicano con respecto a la actualidad, significa pasar a la profesionalidad en la defensa de los intereses laborales. Menos política y más trabajo, menos sumisión y más compromiso económico, menos negocios con el poder y más atención a salarios y demanda laboral. Dicha profesionalidad está en línea con resultados logrables, la politización con desvíos sin retorno.
Concretamente, significa ir por los resortes del diseño macroeconómico, adelantándose a la torpeza populista, dedicada a ganar elecciones a costa de objetivos laborales como: reducción de la inflación y eliminación del atraso cambiario, evitando el encarecimiento de la financiación. Con capital caro no hay trabajo.
Pero, el Trabajo, ¿desde qué posición puede adelantarse, saber y conocer el curso de la política económica para no quejarse “a posteriori”?
Esta vieja pregunta fue siempre mal contestada a juzgar por los resultados. La respuesta estaba en el conocimiento subjetivo de la intensión política del gobernante, para sorprenderse cuando éste cambiaba de objetivos. Con patéticos ejemplos durante los gobiernos de Menem y Kirchner.
En cambio, desde un asiento permanente en el Directorio del Banco Central, interlocución constante ante Economía y un acuerdo de fondo con empresarios, el camino subjetivo se vuelve objetivo y anticipado. Así, la traición política, si la hubiere como en este caso, resultaría descubierta a tiempo.
Es otro laborismo, no charla con amenazas cuando el daño está hecho.
Argentina y su Trabajo merecen más
La premisa populista “con el poder alcanza” es falsa, de toda falsedad.
A la Argentina no le sirve, pues es en la realidad económico-social donde se dan las soluciones. “El voto es económico” dicen algunos exagerando, pues los factores emocionales existen, aunque a la larga… los primeros tienen razón.
Aunque es en la realidad 2012-2015 donde se podrá constatar cómo la inflación 2007-2011, dedicada a la concentración de poder con objetivo electoral, ha hipotecado el crecimiento económico, determinado un plan de ajuste vergonzante que se trata de disimular.
Poco a poco, el Trabajo y su conducción deberán elegir entre dos alternativas: el modelo de causalidad Deng o el modelo de resentimiento Chávez.
El primero, en curso en China y Brasil, supone una fuerte demanda desde el Trabajo por capital y tecnología, pues esos factores son la causa de la multiplicación del trabajo. ¿Es ocioso que un trabajador como Lula haya elegido ese modelo llevando a su país, y trabajadores, a ser la sexta potencia económica mundial?
El segundo, cuestionamiento paranoico, sospechoso del conocimiento y vergonzante de la riqueza, requiere de pobres e ignorantes para asegurar la audiencia a su retórica acomplejada y personalista.
Aquí y ahora, la politización nos lanza a unos contra otros, el crecimiento económico se ahoga en ajustes para saldar la inflación electoralista, mientras se cierra el horizonte económico del trabajo.
Argentina y su Trabajo merecen más, la postura de la conducción laboral es definitoria, continúan bancando al populismo y sus consecuencias o van por los resultados.
Publicado por carloslanusse